Este no es un blog pensado para encontrar seguidores... Es un espacio de expresión y de búsqueda... sólo para mi. No esperes encontrar nada interesante, porque lo que hay es sólo la vulgaridad de la vida misma. Si a pesar de este aviso decidís visitame... bienvenido
- ¡mirá que me enojo! (como si el enojo pudiera programarse)
y la otra le contestaba
- vas a tener doble trabajo, enojarte y que se te pase.
y ahí terminaba la pelea.
El problema de ser grande es que al que se enojó muchas veces se le pasa. Pero el que fue destinatario del enojo no siempre olvida y no siempre tan fácil!
Si los años no te sirvieron para aprender que a la gente que se quiere hay que cuidarla te sirvieron de poco!
pero no es fácil. Uno pensaría que las cosas más fáciles de hablar son aquellas que pueden ponerse en cifras. Hay cosas que no se pueden medir... dice Norma Morandini: no se puede medir el sufrimiento contando las lágrimas, pero hay otras que son perfectamente cuantificables. Si una semana tiene 7 días, si tres veces por semana hacés alguna cosa, si la hacés todas las semanas de todos los meses... es muy fácil 3x52 te da la cantidad de veces en el año que hiciste algo: 156 veces al año, alguna más alguna menos. Sin embargo alguien dice... yo siempre y habla de 4 veces al año y alguien dice yo a veces y habla de 150 veces al año. Percibimos de un modo muy distinto lo que hacemos de lo que hacen los demás. Recordamos, con lujo de detalles aquella vez en que nos maltrataron y olvidamos, con absoluta ligereza, las miles de veces en que nos trataron bien. Pasamos factura por lo que no nos dieron y olvidamos agradecer todo lo que recibimos.
Hoy estoy particularmente triste... hoy me duele sentir que los muchos años de ciudados, el esfuerzo por satisfacer todas las necesidades primarias... alimentación, salud, vivienda, educación, juegos, deportes, distracción, cariño, el esmero por aislar la niñez de los problemas de los adultos son nada. Hoy me duele ver que alguno de mis hijos nunca preguntó ¿mamá, vos, cómo estás? Ver que alguno de mis hijos no se hace nunca 10 minutos para pasar a tomar unos mates... Puedo entender que es adulto, que tiene muchas responsabilidades, que no tiene tiempo, que no quiere o no puede enfrentar determinadas cosas...
extraño la que era... Extraño a la que pasaba la noche entera preparando las cosas para salir de viaje a las 5 de la mañana... para aprovechar TODO el primer día ¡de los 20 días de las vacaciones!. Extraño a la que compraba tela "de elefantes" y se hacía tiempo para hacer las sábanas que envolvían a sus hijos. Extraño a la que no dormía de emoción si al día siguiente tenía que subirse a un avión. Extraño a la que era capaz de llorar mares de lágrimas de dolor, de tristeza, de abandono. Y también era capaz de llorar de alegría o de emoción. Extraño a la que tenía tantas cosas por hacer, que el día siempre le quedaba corto y a la que quería hacer tantas otras, que sabía que la vida no le iba a alcanzar para tanto. Extraño aquella que yo era, con el alma a flor de piel... dispuesta a dar, aunque dando se me fuera la vida. A veces me extraño, mucho, pero esta que soy ahora es mucho más fácil de llevar puesta.
Leyendo el blog de mate recuperé un recuerdo de mi infancia. Era pesada y protestona, casi todos le temían, pero yo la adoraba. Era mi abuela... Una abuela que con pocos gestos demostraba su cariño. Creo que nunca me dijo te quiero... y pocas veces me besó. Pero demostraba su cariño con gestos. Yo era la mayor de sus nueve nietos y, no si fue así o yo lo inventé, siempre tuve la certeza de que yo era su nieta mimada... su monito. Venía a casa de vez en cuando y me traía, casi siempre, un potecito con monedas. Llegar a la olla de las monedas de oro del nacimiento del arco iris no me hubiera hecho más feliz... ni me hubiera hecho sentir más poderosa.
Recuerdo mis caminatas, los domingos a la mañana, tempranito, por las calles de tierra, con el viento en la cara y la rodillas heladas para ir a pasar el día a su casa. No tenía cremas, mi abuela era pobre, pero siempre encontraba un trocito de manteca para pasarme por las patitas paspadas por el frío. Me guardaba, durante la semana, los huevos más chiquititos que ponía la pinina, para que yo jugara a hacer tortitas.
Sus manos pasando manteca a mis piernas lastimadas, su cuerpo blando haciéndome upa y el olor de la comida que preparábamos juntas, hundiendo las manos en el afrecho con agua, para darle los patos y las gallinas son los recuerdos más vivos que tengo de mi abuela.
A veces siento que quisiera volver a ser chica, aunque más no sea por un rato, para recuperar tantas cosas perdidas y para abrazarla fuerte.
Hay maneras, modos, estilos, actitudes aceptadas socialmente. Socialmente es bien considerada una madre que cuida con gran esmero sus "divinos retoños". A nadie se le ocurriría cuestionar a una mamá que está pendiente de la seguridad, de la alimentación, del bienestar de sus críos. Hasta acá... todos de acuerdo. La pregunta es...¿Cuál es el límite de la abnegación? Esa abnegada actitud de vivir a disposición de sus hijos... de estar todo el día vijilándolos, alertándolos sobre todos los peligros posibles, sobre todos los riesgos, pendiente de lo que hacen o dejan de hacer, limitando su creatividad, limitando sus posibilidades, porque no pueden vencer su propio temor... ¿no constituye, acaso, una forma perversa de apropiarse de la vida de los hijos? Los que tienen una mamá - sin vos no puedo vivir - ¿consiguen tener su propia vida?. Esos hijos están siempre tironeados entre la gratitud, el amor, el hartazgo, la impotencia, la limitación estructural. Si se quedan no viven. Si se van sufren.
Creo que los sicólogos son, en esta vida, los que más tienen por agradecerles.
Tempranito... arriba!! Café con leche... una pila de tostadas con manteca y dulce y... a caminar!! Antes de que al pueblito lo invandan las familias bochincheras, con chicos gritando y señoras mayores, en mocasines, intentando llegar a la cascadita mientras uno la empuja de la cola y otro la tira de los brazos. Antes de que las parejitas de jóvenes atléticos te pasen, a los saltitos, como los ciervos, haciéndote sentir como un viejo camión bufante. Antes de que el ruido humano tape el canto de los pájaros y el murmullo del agua.
Antes de que el sol derrita las últimas obras de arte del hielo.
Hoy tengo ganas de perder los límites. De olvidarme de toooda mi buena educación... De dejar de ser la mujer que fuí hasta este momento.... Tengo ganas de mandar la tolerancia a la mierda y decirle al gordoidiotahijo de puta que programó el nuevo sistema de gestión..... ¡¡¡ESE QUE NO FUNCIONA!!! que es un inútil... que me lleva complicados los últimos 10 días.... que no tiene derecho a hacerme perder así el tiempo... Tengo ganas de agarralo por el cuello y gritarle hasta quedarme sin voz... Tengo ganas de convertirme en descuartizadora.... Menos mal que lo tengo lejos....
Ahora cierro el maldito sistema... me preparo algo rico para comer...me sirvo un rico vaso de vino ...y por hoy.... que se pudra el mundo.
Any me trajo a la memoria una frase que me parece maravillosa. Agradezco permanentemente ser una utópica incurable. No la utopía de la perfección imposible de lograr, como tal invalidante. Si la utopía del optimismo, del pensar que se puede, de creer que no todo está perdido.
Respecto a la utopía, me tomo siempre la atribución de reivindicar al verdadero autor de la frase.. Fernando Birri, el cineasta santafesino... el de Tiredié. La genialidad de Galeano reside en recuperarla.
Ventana sobre la utopía
"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."
Aquí confluyen de nuevo los eternos amores: Birri, Galeano, Silvio y la UTOPÍA
Yo los llamo salvavidas.
yo quiero seguir jugando a lo perdido, yo quiero ser a la zurda más que diestro, yo quiero hacer un congreso del unido, yo quiero rezar a fondo un "hijo nuestro". Dirán que pasó de moda la locura, dirán que la gente es mala y no merece, más yo seguiré soñando travesuras (acaso multiplicar panes y peces).
yo no se lo que es el destino, caminando fui lo que fui. allá dios, que será divino. yo me muero como viví, yo me muero como viví.
Desde hace unos días mucho se habla de la mediocridad de la televisión, de la mala imágen de los políticos, de lo descreídos que estamos todos, de lo tristes y malumorados que estamos todos. Desde hace un tiempo largo la inseguridad nos separa, la televisión nos aisla, Internet, por suerte, nos comunica.
¿Cómo no vamos a estar tristes si no tenemos un proyecto que nos trascienda?
Nosotros, los que hace unos cuantos años que somos jóvenes, vivimos una época dorada que terminó muy tristemente, pero que nos marcó para siempre.
Creíamos, profunda y comprometidamente, que podíamos cambiar el mundo. Que podíamos conseguir equidad distributiva e igualdad de derechos, que si militábamos y conseguíamos que los obreros y los pobres se sumaran a nuestro proyecto todo cambio era posible. Creíamos en un proyecto y trabajábamos por conseguirlo.
Escuchábamos a Serrat.
Nos reíamos con Les Luthiers.
Le cantábamos canciones de María Elena Wallsh a nuestos hijos.
Leíamos con veneración Las venas abiertas de América latina, de Galeano, Gracias por el fuego, de Benedetti.
Amábamos nuestros símbolos patrios y nuestra patria, esta patria que lo tiene todo y a la que le quitan todo.
Nos juntábamos en fogones a cantar .
Me gustan los estudiantes porque levantan el pecho, cuando les dicen harina sabiéndose que es afrecho
Tengo la suerte de seguir trabajando por esa ilusión, a pesar de los golpes de estado, de los años, de los retrocesos.
En Santa Fe un proyecto que nació en mi juventud, sigue creciendo y convirtiéndose en futuro.
Así son las calles de mi ciudad... Estos árboles son un triunfo de la perseverancia. Nos llevó años de pelea con los distintos intendentes conseguir que entendieran que necesitábamos árboles en la calle céntrica. El argumento nuestro: con el sol que te parte la calle es invivible, nadie sale a comprar porque no se soporta. El argumento de ellos: los árboles tapan los carteles luminosos! Nosotros: El cartel luminoso querrás decir... y hace tres años que no lo prenden! Ellos: las grandes ciudades no tienen arboladas las calles céntricas Nosotros: Las grandes ciudades son eso... grandes y en el centro no vive la gente! Ellos: los árboles rompen las veredas. Nostros: el sol parte las casas... Todo ésto hasta que juntamos la firma de tooooodos los frentistas y no le quedó más alternativa que plantar, hace 15 años, estos árboles. Hoy son nuestro orgullo...
Hoy estoy cansada... Con el cansancio lindo de haber viajado 200 km para hacerle compañía y sopita casera a una amiga enfermucha... Me hacer feliz haber podido hacerlo... Y me hace feliz tener esa amiga... que es mi opuesto y enriquece mi vida.
Claro, enclaustrarse sibaríticamente un fin de semana... no encender la tele... no entrar a Internet hace que uno desconecte... y sea feliz a pesar de haber muchos motivos para estar tristes. Uno de ellos. La muerte de Benedetti. Mi primer contacto con Benedetti lo tuve hace muchos años... viendo La Tregua (así, exactamente así...es la felicidad) Después consumí con placer infinito varias de sus novelas, de ellas recomiendo Gracias por el fuego. Leí sus poesías no todas, pero casi... y disfruté muchísimo sus temas musicalizados. De todos ellos sigo adorando los de El sur también existe... de Serrat. Todos y cada uno de esos temas me encanta... me encanta la simbiosis entre letra y música que consigue, y me encantan las ideas y los ideales que transmite.
Se terminó el fin de semana... y estoy contenta. Hice muchas cosas postergadas... de esas que quedan siempre para cuando tenga ganas o tiempo. Como no hizo frío aproveché a pleno el aire libre... acomodé los kilómetros de jardín que armé en épocas de depre, y que ahora me deprimía porque se veía abandonado....¡etapa superada!... todo impecable!! Paseos, comida...pelis....rico vino y un montón de horas de reparadora fiaca!!! BUENÍSIMO!!!
Así podría definirse esta historia... Termina empezando... empieza terminando.
Entre no sé y tal vez. Entre quiero y no puedo. Entre espero y desepero. Se fue enredando la madeja. Ya no es posible encontrar una punta.
Lo que fue ya no es. Lo que hay no es lo que quiero Y ya no espero ni desespero... simplemente... no puedo
Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños... Lección que por fin aprendí: ¡cómo cambian las cosas los años! Angustia de saber muertas ya la ilusión y la fe... Perdón si me ves lagrimear... ¡Los recuerdos me han hecho mal!
Palideció la luz del sol al escucharte fríamente conversar... Fue tan distinto nuestro amor y duele comprobar que todo, todo terminó. ¡Qué gran error volverte a ver para llevarme destrozado el corazón! Son mil fantasmas, al volver burlándose de mí, las horas de ese muerto ayer...